El señor Gustavo Rienzi es un vecino del barrio, enorme y exquisito coleccionista de autos y de juegos de Scalextric.
Y decidió compartir sus tesoros con la gente.
Trabajando en equipo con el Museo del Juguete, armó sus pistas y no se cansó de enseñar a grandes y chicos a jugar a uno de los juegos más emblemáticos de nuestra infancia.
El público desbordó el museo, pero todos la pasaron bomba: mirar es casi tan divertido como jugar.
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