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Por Silvina Morelli *
"Ante las atrocidades tenemos que tomar partido; el silencio estimula al verdugo". Alie Wiesel
Mantener aquello que nos identifica en tanto mujeres o varones. Definir diferencias y estudiar el peso de la cultura sobre ellas. Reconocernos iguales derechos en todas las instancias de la vida social. ¿Utopías difíciles de alcanzar? Las claves son dos: no borrar aquello que nos define como diferentes y evitar que en nombre de las diferencias se discrimine, se subordine y/o se oprima. ¿Logramos esto? Creo que no. ¿Estamos en camino? Puede ser, aunque sabemos que aún hay marcas que muestran que no es tan simple.
Los discursos sociales definieron la subjetividad femenina desde una postura política que desvalorizó socialmente a la mujer, con visiones sexistas que reprodujeron la ideología patriarcal androcéntrica determinando la existencia de un fuerte masculino sobre un débil femenino. ¿Hay un fuerte masculino y un débil femenino? No pensaban en la fuerza, claramente. Históricamente, funcionó una maquinaria de poder que desde lo social habilitó intencionalidades y determinó las relaciones de género, habilitando violencias de todo tipo.
La expresión más aberrante de la violencia de género es el femicidio. Sobre él, hay quienes aún opinan que son "homicidios" o "asesinatos". Claro que lo son. Pero lo que se esconde al decir eso es que la matriz ideológica que atraviesa los femicidios es la que mantuvo a los hombres en ese lugar de fuertes y poderosos, tanto que sienten a las mujeres de su propiedad hasta el extremo de apropiarse de sus vidas y terminan con ellas. A menos de un mes del paro internacional de mujeres, entiendo que las políticas públicas no sólo no son suficientes sino que hay muy poca articulación de acciones entre las dimensiones política, judicial y policial.
Creo en la igualdad en la diferencia porque entiendo que varones y mujeres somos diferentes, tanto biológicamente como en su constitución subjetiva y cultural. Ahora bien, esa diferencia no tiene que -ni debería- habilitar a que un género subordine u oprima al otro. La violencia es violencia y el contexto familiar lo denuncia a gritos.
La construcción de los discursos es social y lo social se construye discursivamente. Por eso siempre digo que quienes tenemos el poder de la palabra debemos ser cuidadosos. Muchos varones acompañaron las marchas “Ni Una Menos” y muchos también luchan por romper esos moldes patriarcales en los que la cultura los ha ubicado. El repudio a la violencia de varones contra mujeres no puede contestarse con violencia de mujeres contra varones. A modo de ejemplo, el día del paro mundial del 8 de marzo, en un cuerpo de mujer, leí el mensaje “Si nos organizamos, los matamos a todos”. Polémico. Innecesario. Los totalitarismos nunca han funcionado en la historia. Dudo que el género sea la excepción. La descalificación hacia nuestros semejantes es lo que no queremos más, de eso se trata la denuncia hacia el patriarcado y hacia su matriz ideológica.
Es necesario continuar visibilizando la violencia de género y trabajando fuertemente para evitar su expresión más monstruosa, ya que seis de cada diez femicidios ocurren dentro del hogar.
Hay otras violencias que tienen lugar en el ámbito intrafamiliar y son las que afectan a niñxs y progenitores no convivientes. Las separaciones generan tensiones diversas y en muchos casos, están atravesadas por situaciones de gran violencia. Una nota del 19 de julio del año pasado, publicada en el periódico “La Capital”, expresa que un tercio de los varones separados antes de los tres años de convivencia, tiene inconvenientes para ver a sus hijxs. A esto puedo agregar que son cada vez más los casos que conozco, en los que las mujeres se interponen en la relación de sus ex y lxs hijxs, manipulando el vínculo de tal modo que esxs chicxs terminan alejándose de sus padres o retoman el contacto cuando llegan a una edad en la que esas madres ya no ejercen poder sobre ellxs. Aquella dupla fuerte-débil asignada a la dupla hombre-mujer al igual que la relación de poder de la que hablábamos anteriormente parece tener una versión expresada por la dupla progenitor conviviente-hijx.
Lxs abogadxs de familia que consulté sostienen que los casos son complejos, que algunos vienen acompañados por denuncias y que en la gran mayoría de los casos son desestimadas por los equipos de salud mental de los juzgados familiares. La mayor parte de esas denuncias recaen sobre varones que suelen ser prejuzgados por la sociedad del "algo habrán hecho", aun cuando la justicia determine su inocencia. Si bien la Ley de Protección Integral de los Derechos de Niñas, Niños y Adolescentes y el nuevo Código Civil y Comercial protegen a lxs niñxs, parece no haber un articulado claro para intervenir en situaciones donde existe una probada manipulación de lxs hijxs por parte de unx de lxs progenitores convivientes. El saldo en estos casos, da cuenta de progenitores no convivientes que terminan con dificultades psico-sociales, intentos o suicidios consumados. Lxs niñxs por su parte, están expuestos a un serio daño psicológico y emocional. Números no hay. Anomia y prejuicios ante un tema tan sensible y delicado, abundan.
Entiendo que los temas de violencia sobre los que balbuceé apenas unas reflexiones requieren un tratamiento cuidadoso y responsable. Hay más de un femicidio por día -en su mayoría cometido en el ámbito doméstico, aun cuando la mujer denunció al agresor-. Con respecto al "secuestro" de lxs hijxs en mano de unx de sus progenitores no solo no hay cifras oficiales disponibles en algún registro público, sino que no vemos políticas públicas para evitarla tanto sufrimiento. La única manera de terminar con estas situaciones de violencia -ya sea física, psicológica o simbólica- es poniendo al Estado en acción y asumiendo esta agenda de manera prioritaria.
*Licenciada en Ciencias de la Comunicación (UBA), especialista en Políticas y Planificación - Consultora de Comunicación Política e Institucional - Escritora - Adjunta a cargo de la materia "Elementos del Desarrollo Local" en la carrera Política, Gestión y Comunicación de la Universidad Nacional de Avellaneda - Capacitadora
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