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Por Verónica Rios
Miembro de la Asociación de Psicoanálisis San Fernando – Tigre.
Miembro del Centro Descartes.
La historia de los hombres y mujeres está regulada por lazos de amor y deseo. Sigmud Freud, localiza una verdad que agujerea la ilusión de cualquier cosmovisión, y dice que no hay nada en el micro mundo ni en el macro mundo que garantice la felicidad, que ese programa está fallado y que ante ello los hombres buscan remediar esa falla. En busca de satisfacciones que reparen la desdicha, una manera entre otras, es el amor, la búsqueda de una pareja que pudiera hacer realidad los deseos de Ella y ÉL. También en el texto del cual les hablo, famoso, El Malestar en la cultura, señala que son tres las fuentes del malestar: El cuerpo, sede de dolor y sobre todo por su condición perecedera, la naturaleza con las catástrofes no domeniables por los hombres, y la tercera no menos determinante en la vida, son los vínculos con los otros. Es en la última fuente de malestar donde se inscribe el amor, búsqueda de una satisfacción que promete a los enamorados el encuentro con este programa fallido que les conté brevemente.
Todo amor tiene historia, la letra del magnífico tango Nostalgias de Enrique Cadícamo, cuenta los sufrimientos de un loco amor. Se puede decir que todo amor tiene algo loco, Freud lo compara con una enfermedad en tanto se tiende a sobredimensionar, a idealizar la figura del partenaire, a veces a dotarlo de virtudes sublimes en detrimento de otras. En esos espejismos se desliza la vida amorosa, con su contracara de rechazo u odio y sus concomitantes quejas que denuncian la imposibilidad de suturar esa falla original, que hace que el deseo exista, que no haya instinto que comande, ni objeto que colme.
La pérdida del amor, los celos, la decepción, la tristeza, cuando no la angustia, son modos de hablar del malestar que en la consulta con un analista pueden desbrozar una nueva respuesta.