Noticias
Por Lorena Di Masso *
En la actualidad existe un empuje al exceso y un imperativo de “felicidad”. “Impossible is nothing” (“nada es imposible”) es el slogan de Adidas. Es solo un ejemplo. El problema es que esta orientación a la felicidad se encuentra precisamente con su reverso. En el discurso capitalista imperan cuestiones de mercado, ciencia y derecho. Cada vez se inventan nuevos objetos, se realizan mas avances científicos y existen nuevas y más regulaciones en materia de derecho en beneficio de cada individuo y del bien común. Tanto hombres como mujeres son sujetos de derecho, y por supuesto, estoy de acuerdo con ello. Pero no debemos ignorar que esto tiene efectos: produce un movimiento que se dirige hacia el borramiento de la diferencia entre los sexos. Ello implica la adopción del modelo masculino tanto para hombres como para mujeres. Sin embargo, tal como señala Miller, ello “es puro teatro… las chicas siguen ocupadas con el amor”, en ellas prevalece el hacerse amar y desear, mientras que en el hombre, persiste la divergencia entre el objeto de amor y el de deseo. Entonces, ni mercado, ni ciencia, ni derechos, suprimen el malestar de los sujetos que creyéndose amos de sí, se encuentran comandados por algo que es el lenguaje.
En este contexto, en el discurso de quienes consultan aparece la soledad bajo diferentes modalidades, la mayoría de las veces como un síntoma o malestar que provoca sufrimiento.
¿Qué es la soledad? El diccionario dice: “carencia voluntaria o involuntaria de compañía. Pesar y melancolía por ausencia o muerte”. Desde el psicoanálisis, uno de los modos de pensarla es como la imposibilidad de concretar un encuentro amoroso, teniendo en cuenta que no hay una sola forma de soledad ni una sola manera de estar solo.
Uno siempre goza solo y en la época actual el mercado redobla el cortocircuito del lazo con la oferta de objetos que proponen un disfrute a solas. En el amor, cargado a la cuenta del encuentro, el problema es anudar el goce de uno a otro. La consecuencia, muchas veces, es la soledad. Ésta puede no presentarse bajo la forma de tristeza, sino mas bien siendo un devenir. En ocasiones el sufrimiento que provoca, da lugar a la entrada en artificios tales como reuniones de “solas y solos”, salas de encuentros on line, aplicaciones de celulares que promueven, vía chat, alguna conversación entre desconocidos, etc.
En todas las épocas existieron hombres y mujeres solos/as. La “solterona” de hace algunas décadas es un ejemplo de ello. ¿Cuál es la particularidad de nuestros tiempos? Quizá lo propio de las soledades contemporáneas sea el discurso que las modela y en el que se sostienen. Dice Joaquín Sabina que los duelos ya no se soportan lo suficiente. No hay lugar para las pérdidas. Toda falla, todo agujero es taponado con objetos de consumo que, aparentemente consumimos pero, más bien nos consumen. Podemos decir, por ejemplo, entre el hombre y la mujer ¡está el celular!
La soledad es una estrategia paradójica: sirve para evitar el riesgo que implica el encuentro, pero a la vez genera sufrimiento. Los sujetos siendo tomados por y haciendo uso del discurso contemporáneo quedan empantanados en su propia soledad, la de ese goce autista y sufriente, sin saber nada de él.
Desde el psicoanálisis lacaniano intentamos ubicar lo propio de cada sujeto, tratando de hacer surgir la diferencia en el “para todos”. La ética analítica es la de la diferencia. Lo que ubicamos es la singularidad frente al aplastamiento de las identificaciones que ubica a quien consulta en el lugar de “mujeres solas”, “mujeres solteras”,”hombres solitaros”. Apostamos a una subjetivación del síntoma. Que el sujeto pase de localizar la causa de su sufrimiento en el lugar del otro, (“no hay hombres” dicen ellas), a que se haga responsable de lo que le ocurre. Pues desde una escucha analítica, la soledad ya no queda a cuenta de las circunstancias sino que supone una elección subjetiva aunque ella sea no sabida.
Se trata entonces de alumbrar el lugar que la soledad ocupa para cada quien. Saber acerca de ella sería la oportunidad de hacer por fuera del sufrimiento, poner en marcha el deseo. Dar lugar a una pérdida en pos de la conquista de un nuevo lugar.
Lorena Di Masso
Asociación de Psicoanálisis San Fernando - Tigre
4890-2140
Foto: https://lamenteesmaravillosa.com
|