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La artista visual argentina, Roxana Esposito, fue seleccionada en la primera Bienal de Arte Contemporáneo nacional realizada en San Nicolás, provincia de Buenos Aires, denominada "La neurona de la verdad". La misma fue organizada por el profesor Luis Gramet en el mes de abril de este año, con el auspicio de Municipalidad de San Nicolás y PROA, entre otros.
La artista de Martínez, partido de San Isidro, obtuvo allí el primer premio Escultura con su obra "Mi Niña Interna", elegida por un destacado jurado representativo de distintas partes del país: Milo Locket; Dra. Olga Marciano; Arq. artista y curador Giuseppe Gorga; Dra. Rosanna Cagnazzo; Arq. Chun Chun Huang; Prof. Adriana Ortolani; Prof. Adelina Villanueva; Lía Cassone (fotógrafa); Guillermo Goldschmidt (PROA) Graciela Marechal (periodista) Rubén Sisterna; Arq. José Antonio Lioi; Dr. José Petrucci, Prof. Araceli Marzzetti; Lic. Arnoldo Gualino y la Prof. Beatriz Borsi.
Gracias a este primer premio en San Nicolás, Roxana pudo participar como artista invitada en la segunda edición de la Biennale d ' Arte Contemporanea di Salerno. Junto con otros argentinos de las distintas disciplinas que obtuvieron los primeros premios, emprendió el viaje con su obra hacia la ciudad del sur de Italia.
De entre 280 artistas en concurso, Roxana Esposito vuelve a obtener el primer premio Escultura / Instalación con esta obra.
Algo para destacar de esta Biennale es el énfasis del jurado en premiar a los artistas por expresar la sensibilidad de su mirada, cualidad que sin duda estuvo presente en esta obra, además del virtuosismo técnico.
La Bienal de Salerno es organizada por Giusseppe Gorga y Olga Marciano, destacados artistas y curadores de estirpe internacional, y contribuye una suerte de padrinazgo con nuestra Bienal Nacional de San Nicolás, ya que también ellos fueron parte del jurado internacional a la hora de votar a los premiados.
Sobre la obra Mi Niña Interna
Mi Niña Interna llega al sur de Italia como resultado sanador de un circuito de violencias emocionales transgeneracionales.
Esta niña, que no fue suficientemente mirada, deseada, acariciada ni contenida dentro de una cadena histórica de desamparo y desamor-hoy convertida en adulta- elige no permanecer frágil, insegura, dependiente, ni albergar el riesgo latente de generar sistemas vinculares de supervivencia y autoprotección. No es necesario seguir en guerra, ni generar violencia hacia adentro o hacia otros.
Mirar y mirarse. Comprender en el otro una parte del espejo en que nos vemos a nosotros mismos.
Con arcilla se materializó esta niña que, atravesando el fuego, puede transformar un circuito de violencias invisibles en el deseo concreto y profundo de que nunca más se repitan en las futuras generaciones.
Según la curadora Margarita García Faure, Roxana Esposito revela en sus obras un clima de nostalgia, presente en el gesto de niño. Retrata en algunas esculturas tal vez ese instante en que su padre pequeño llega de Italia en un barco hacia un mundo desconocido. Reconoce gestos de ella en esas historias heredadas. Gestos que aparecen en sus trazos, colores y texturas que resaltan el misterio de la infancia olvidada; recuerdos que provienen de esas tierras desconocidas, de esos rincones del alma. Y que nos invita a bucear en su historia, en muchas historias.