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Los alumnos de la Escuela de la Palabra, taller que dirige Graciela Deza, narraron relatos autobiográficos y cuentos en el Concejo Deliberante de San Isidro.
La lluvia y el viento no impidieron que el recinto de sesiones del Concejo Deliberante de San Isidro estuviera abarrotado de un público de todas las edades.
El motivo de tan numerosa asistencia no era otro que el acudir a una velada donde el protagonismo lo tenían las historias contadas sin ningún otro complemento que la voz y el cuerpo de los alumnos de la Escuela de la Palabra.
No hacía falta más; solos, con un micrófono en la mano e iluminados por unos focos que los señalaban con su luz, diez hombres y mujeres fueron relatando de memoria diversos relatos propios y ajenos.
El contar cuentos, historias o hazañas, con más o menos verdad, ha sido un entretenimiento que la humanidad ha practicado desde tiempos remotos. También ha sido una manera de transmitir valores, de aprender y de conformar una comunidad.