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Por Virginia Gilardi *
Para aproximar una respuesta a esta pregunta podría convocar al saber popular y decir: “… depende del cristal con que se mire”.
Si tenemos en cuenta como lo aborda la neurología, la hipótesis sería que el autismo está causado por una afección en el sistema nervioso central, por lo que tendería a considerárselo como un déficit. Sería pertinente aclarar que, desde esta perspectiva, no existe ningún tratamiento biológico del autismo.
Si, por el contrario, el cristal con que se mire es reducirlo a un trastorno cognitivo y de la conducta, el autismo se encolumnaría con las alteraciones y disfunciones que devienen en etiquetas del estilo del ADHD (déficit de atención e hiperactividad).
De este modo, ya sea considerarlo como un déficit o como un trastorno, la evaluación se haría en base a un protocolo de preguntas y el tratamiento se orientaría hacia métodos reeducativos que tratarían de aproximar al sujeto a un parámetro lo más cercano a lo que se considere normal e intentar tratamientos que cubran así esa deficiencia.
Estos modos de evaluación estandarizadas y estas prácticas de tratamiento reeducativas de las conductas, basadas en repeticiones implicarían un tratamiento del autismo como un universal, un “para todos” orientado por los ideales de normalidad de la época.
Lo que sí en principio existe es cierta dificultad diagnóstica debido a que el origen del autismo es aún desconocido y así la disputa pendula entre considerar al autismo una enfermedad o una discapacidad. De todos modos, cualquier diagnóstico al que se arribe no daría cuenta de la singularidad de cada sujeto.
Justamente es desde nuestra práctica, la del psicoanálisis, desde donde intentamos situar el particular modo que tiene el sujeto autista de enfrentar el mundo, modos singulares de cada uno para habitarlo, invenciones únicas para estar con los otros y apropiarse de algunos objetos.
Fue Sigmund Freud quien con su concepto de “autoerotismo” daba cuenta ya, en el marco de sus investigaciones sobre la psicosis, de cómo algunos sujetos hacían un retiro, un retorno de la libido, del interés por los objetos del mundo hacia la propia satisfacción pulsional. La psiquiatría de la época introdujo el término autismo a partir del de autoerotismo de Freud, restándole el “eros” de la satisfacción sexual.
El psicoanálisis, por lo contrario, tiene en cuenta este modo de autosatisfacción implícita en el encierro del cada sujeto autista. Y digo cada sujeto porque cada uno arribará a su propia invención para hacer con este afuera que frecuentemente se le torna intrusivo.
Esto no significa despreciar los aprendizajes que el autista realice junto a otros en el quehacer cotidiano con su familia o en las instituciones a las que asista. Solo apunto a diferenciar estos aprendizajes de los protocolos estandarizados de algunas prácticas terapéuticas.
Podríamos enumerar distintas características del cuadro autista como el aislamiento, el encierro, las estereotipias, las repeticiones, las ecolalias, pero esto no daría cuenta de la particularidad de cada sujeto autista y de la solución propia a su encierro. De esta particularidad se ocupará quizá un psicoanalista.
* Virginia Gilardi, miembro de APSaT
Asociación de Psicoanálisis San Fernando Tigre