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Los youtubers son jóvenes que a través de sus canales de YOUTUBE enseñan cómo superar niveles en los videojuegos, crean monólogos del tipo stand up parodiando situaciones de la vida cotidiana para desdramatizar la realidad, se miden en desafíos insólitos o crean canciones en las cuales los personajes protagónicos de los videojuegos compiten verbalmente al ritmo del rap o el hip hop, para ver quién es el mejor.
Los hay para todos los gustos, incluso las chicas pueden encontrar una youtuber “consejera” que se esmera en enseñarles cómo maquillarse, cómo vestirse e incluso qué conviene decir o no en una cita amorosa.
La mayoría de ellos tienen más de 20 años –algunos muchos más- y cuentan entre sus fanáticos y seguidores a millones de suscriptores que semana tras semana esperan “el nuevo video”.
Estos nuevos ídolos - perfectos desconocidos para la mayoría de los adultos- generan un fanatismo descomunal y se han tornado la primera elección a la hora de usar la computadora, la tablet o el celular. Hasta Facebook y Twitter han sido invadidos por ellos.
Luego de ver algunos de los canales más famosos y conversar con niños y adolescentes sobre este fenómeno, me resultó llamativo descubrir que los más pequeños consumían lo mismo que los más grandes: “Hola soy Germán”, el “Rubius”, “Yuya”, “Julián Serrano”, “Vegeta777”, “Willy Rex” y muchísimos otros son los referentes de una amplia franja etaria.
A partir de lo que ellos muestran y de lo que se fantasea en torno a esos personajes idealizados se ha generado una idea que se impone y fascina a niños y adolescentes: hay un modo de ganar mucha plata sin hacer sacrificios. Un modo ideal, ya que estos ídolos juegan, se divierten, bromean y se filman en sus casas. Los chicos y los que no lo son tanto sostienen y perjuran que Youtube paga 1 dólar por cada “me gusta” y otro tanto por cada suscripción y hacen cálculos millonarios sobre lo que los youtubers ganan por día.
Esa fantasía- sumada al desconocimiento y a la desinformación- ya que de estos temas no hablan con los adultos- no les permite saber que detrás de esos videos hay un mundo de inversiones, contratos y dependencias. En los pedidos, casi suplicantes, de un “me gusta” por parte de estos nuevos superhéroes, no sospechan que haya una cuestión de alienación y mercado.
Desde el psicoanálisis podemos decir que estos fenómenos y sus efectos responden a la transformación del orden simbólico, el saber que antes estaba depositado en los adultos y en otras figuras de autoridad ya no funciona del mismo modo. Los padres, los adultos, los maestros no siempre están a la altura de la virtualidad de esta época.
Hoy en día el saber -todo el saber- está a sólo un click de distancia, Google está siempre listo para responder , antes en cambio, había que trabajar , esforzarse y crear situaciones, encuentros o estrategias para acercarse a quienes se les suponía un saber.
Se me ocurre relacionar esto que sucede con un juego del parque de diversiones: el laberinto de espejos. Al atravesarlo la multiplicidad de imágenes que los espejos devuelven nos pueden divertir, extrañar y hasta horrorizar. El punto que me interesa destacar es que antes, ese laberinto -de identificaciones-estaba formado por la familia, los amigos, los pares, tenía que ver con la idiosincrasia de esos otros, de un barrio, de un país.
Actualmente, en cambio, ese paso por el laberinto se juega en el espacio "virtual" que sumerge a jóvenes y a niños, en otras costumbres, otras culturas, otros idiomas.
Hoy son los youtubers los que muestran a través de sus videos lo que hay que saber y eso se "viraliza" sin límites de edad, de tiempo y de lugar.
Son muchos los chicos que se afanan en subir sus propios videos transgresores, ingeniosos e incluso educativos para sus pares, mostrándose un poco yankees, un poco españoles, un poco chilenos, un poco raperos, etc. Lo que quieren es hacerse famosos y ganar mucha plata pero detrás de eso que sería la moda o la marca de la época, hay efectos menos inofensivos : los más pequeños se confrontan con situaciones para las cuales no tienen cómo responder simbólicamente ya que la sexualidad -implícita o explícita- está presente en la mayoría de juegos y videos; y los adolescentes prefieren mostrarse solo a través de sus producciones ficcionales dilatando y a veces evitando el encuentro con el otro sexo.
Algunas respuestas subjetivas a los avatares de esta época llegan a ser verdaderamente graves: sabemos que hay niños y jóvenes que se aislan del mundo exterior, permanecen por muchas horas frente a las pantallas y no comparten absolutamente nada con los seres de carne y hueso que los rodean, en la jerga adolescente actual se denominan entre ellos "niños ratas" o "viciados".
Los practicantes de psicoanálisis que trabajamos con niños y púberes de esta "era virtual", advertidos de estos fenómenos, estamos bien lejos de querer reeducarlos, normalizarlos o salvarlos. Lo que les proponemos, siguiendo con la metáfora, es atravesar otro laberinto, un laberinto de lenguaje que recorre su propia historia.
Myriam Leguizamón
Integrante de la Asociación de Psicoanálisis San Fernando Tigre
www.APSaT.com.ar
"Cuando sea grande quiero ser youtuber"
Publicado en Boletín El psicoanálisis en la ciudad, N° 5.