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Monseñor Ojea en una carta pública defendió las acciones conciliadoras del Papa Francisco en el marco de su acción pastoral. Asimismo, el obispo de San Isidro manifestó "preocupación por los comentarios sobre la persona del Santo Padre que reflejan distintos medios, sobretodo porque pueden oscurecer su mensaje evangélico y profético, su visión de este momento histórico y el lugar de la Iglesia en él".
El obispo de San Isidro se dirige a su dióscesis y afirma que "lejos de buscar generar divisiones internas, ve la necesidad de poner de relieve todo el servicio y la vida del Papa, por encima de opiniones sesgadas, y de suposiciones e informaciones no debidamente chequeadas".
Esta manifestación en carta pública de Ojea se difunde una semana antes de la fiesta de la Solemnidad de San Pedro y San Pablo (miércoles 29 de Junio) en el que la Iglesia celebra el día del Papa.
Menciona Ojea las diferentes reacciones que la política tuvo poco más de tres años atrás cuando se conocía el nombramiento del Cardenal Jorge Bergoglio como Sumo Pontífice: "la alegría desbordante de muchísima gente y el desencanto de unos pocos que trasmitieron a los medios que en el pasado, el nuevo Papa estaba vinculado con la dictadura militar".
Y agrega, "poco tiempo después, con motivo de su viaje a Brasil por la jornada mundial de la juventud, los medios comunicaron un gran entusiasmo por la repercusión mundial de sus gestos y de su mensaje. Su invitación a “hacer lío”, fue entendida como una inyección vital para las nuevas generaciones".
Luego reflexiona el obispo sanisidrense que "cuando el Magisterio del Papa se encaminó decididamente a predicar sobre el drama de la pobreza y de los excluidos, manifestando en forma clara la Doctrina Social de la Iglesia, cuando comenzó a dar una gran visibilidad a los rostros de los refugiados que interpelan al mismo corazón de Europa, entonces, en muchos medios comenzó a aparecer la desconfianza hacia su persona, buscando sistemáticamente una interpretación política de sus acciones, y excluyendo el móvil pastoral. Una cosa es que su iluminación de la vida social desde el Evangelio pueda tener una repercusión política y otra muy distinta es que su accionar se interprete a partir de un código político. Si no nos permitimos una lectura en clave pastoral de sus palabras y gestos, nos perdemos lo esencial de su mensaje. El Santo Padre es y ha sido siempre un Pastor. Las interpretaciones políticas de sus actos nos llevan a perdernos en un laberinto que diluye su sentido y lo hace incomprensible".
También, el obispo defiende en su misiva el encuentro de Francisco con "personas que lo han insultado públicamente" que en el Año de la Misericordia para la Iglesia Católica "significa manifestar algo tan esencial al Evangelio como el perdón. Pero al mismo tiempo existen en nosotros dificultades culturales y psicológicas muy profundas para entender el perdón y la misericordia. Nos cuesta entender a un Dios cuya omnipotencia resida justamente en la misericordia".
Para la Iglesia, la misericordia se refiere "a una debilidad del corazón, a una blandura incapaz de impartir justicia, a una “flojera” del espíritu que capitula frente a la fragilidad. Creemos que la misericordia no es justa cuando en realidad, supera tanto a la justicia que provoca en el que la recibe la posibilidad de transformarse en justo. La misericordia tiende a cambiar el corazón del que es alcanzado por ella", anima Ojea.
"A muchas personas les ha parecido ciertas actitudes del Papa injustas y han sentido bronca y enojo. Confío que una reflexión madura sobre lo que implica la misericordia pueda ayudarlos a sintonizar el lenguaje de los gestos. Pero de cualquier modo, decir que el Papa “empodera a los violentos” es no entender en absoluto el fondo de su mensaje que es sumamente escuchado y respetado en un mundo que va intuyendo que sin misericordia es imposible la paz", sigue la carta.
Respecto a las actitudes del papa Francisco, el obispo Ojea señala "Hay que decir también que hoy nos encontramos con un Papa que pone límites. Que le dice a los suyos que no se dejen llevar por el terreno resbaladizo de la corrupción. Y también se lo critica por esto. De modo que cuando perdona porque perdona, cuando es exigente porque es exigente. Este “manoseo” de su persona, unido a tantísimas críticas en los medios y en las redes sociales con total falta de respeto, puede desdibujar el mensaje del evangelio que con tanta nitidez nos trasmite día a día en su Magisterio.
A pesar de todo esto el Pueblo argentino en general y en particular nuestro pueblo más sencillo, entiende el lenguaje de su pastor casi por con-naturalidad y desea con todo su corazón recibirlo en la Patria".
Para culminar, Ojea plantea un doble desafío para los feligreses "profundizar en la naturaleza misericordiosa de Dios, revelado por Jesús. Este no es sólo el Padre Perdonador de la parábola del hijo perdido (Lc 15, 11-329), sino que es también el dueño de la viña que a todos paga lo mismo (Mt 20, 1-16), sea que trabajen todo el día o sólo algunas horas". Otro desafío dice es "renovar nuestra fe en el sucesor de Pedro que el Espíritu ha señalado para este momento de la vida de la Iglesia. Tal vez cuando el Papa era italiano, polaco o alemán, nos costaba menos mirarlo como al sucesor de Pedro, pero a Francisco lo conocemos, habla castellano con acento argentino, y tal vez algún día lo hemos cruzado en el subte. “Nadie es profeta en su tierra” recordaba Jesús (Lc 4,24). Quizás nos esté pasando algo de eso. Pero la fe nos despierta y nos invita a ver la verdad: El Señor ha llamado a uno de los de nuestra tierra y es a Francisco a quien le dice Jesús: “apacienta mis ovejas”".