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MIÉRCOLES 18 de marzo de 2009

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Opinión
Parlamentarismo de hecho

(168 Horas - Por Pablo Charras - miércoles 18 de marzo de 2009) El proyecto de adelantamiento de las elecciones legislativas presentado por el Poder Ejecutivo Nacional ante el Congreso de la Nación, puede ser equiparado con algo usual de los regímenes parlamentarios europeos. Tanto Margareth Thatcher –con la guerra Malvinas como sorpresivo envión a favor que la sacó de una profunda crisis de liderazgo–, como Felipe González que recurrió a esta técnica en todas sus reelecciones, entre otros líderes políticos europeos, han hecho uso de esta herramienta propia del parlamentarismo europeo.

A pesar de los fundamentos expuestos, entre los cuales el más destacable es que el clima electoral permanente en los próximos meses sería severamente dañino para las políticas a llevar a cabo en estos momentos de crisis internacional, esta propuesta del poder ejecutivo no se enmarca en las previsiones legales propias del parlamentarismo europeo sino en la debilidad de nuestras instituciones que se ven envueltas en episodios de crisis políticas.

Fue una salida parlamentaria la que logró encausar la crisis producida a partir de la caída del gobierno de la Alianza. Así, de una forma traumática aunque plenamente legal, desde el Congreso de la Nación surgió la designación de un nuevo presidente –Adolfo Rodríguez Sáa– quien renunció a su cargo al cabo de una semana y de su reemplazante –Eduardo Duhalde– quien tampoco completó el mandato iniciado en diciembre de 1999 pero que dejó la titularidad del poder ejecutivo Nacional en forma anticipada en un presidente elegido por el pueblo, Néstor Kirchner.

Si bien es cierto que estas salidas no son las más adecuadas para una situación normal, han sido la solución que, con los recursos jurídicos disponibles se pudo dar a esas crisis. Un sistema de gobierno parlamentario o semiparlamentario en nuestro país haría que este tipo de soluciones se produjeran en una situación de normalidad institucional y no en el marco traumático como se ha dado en nuestra historia reciente.

Cabe entonces analizar cómo relacionar estos episodios con la decisión presidencial de adelantar las elecciones legislativas del corriente año. Y esas relaciones surgen de meras especulaciones respecto del posible resultado electoral que de darse, reforzarían esta idea de parlamentarismo de hecho en Argentina no sólo en cuanto a la resolución de crisis sino a la gobernabilidad de la República cuando el Poder Ejecutivo no cuenta con apoyos suficientes en el Congreso de la Nación.

En este aspecto, remontándonos en la historia reciente de la democracia argentina, podemos observar cuan difícil –hasta a veces imposible– resultó llevar a cabo no sólo las decisiones del gobierno de turno, sino también –lo que es más grave– los mandatos otorgados por el Pueblo de la Nación Argentina en elecciones libres. A modo de ejemplo recordemos al Presidente Raúl Alfonsín quien debió gobernar bajo la tutela y el hostigamiento permanente de la oposición que controlaba el Senado de la Nación (fallida Ley de Democratización Sindical, limitaciones en los objetivos de la Conadep, designación de jueces federales, etc.). De manera que, el Parlamento Argentino no sólo llevó a cabo las salidas a las crisis institucionales del presente período de democracia sino que además es un factor determinante a la hora señalar rumbos al Poder Ejecutivo si éste no es del mismo signo.

En este marco, y en vista a las próximas elecciones legislativas, un triunfo oficialista o aun una derrota pero manteniendo votos suficientes en el Congreso les aseguraría la gobernabilidad hasta el final del mandato en diciembre de 2011. Por el contrario, la pérdida de esa mayoría ratificaría el nacimiento de nuevos liderazgos.

Si esta última posibilidad se llegara a producir, y dado el permanente hostigamiento de la oposición, estaríamos ante una nueva crisis en la cual, el margen de gobernabilidad de la Presidenta, Cristina Fernández de Kirchner se reduciría a la nada.

El rumbo decididamente opositor y de padrinazgo a distintas alianzas opositoras por parte del Vicepresidente de la Nación, Julio Cobos, otorgarían a éste un destacado rol de liderazgo ante la crisis que se avecinará en caso de que el oficialismo pierda las mayorías necesarias en el Congreso.

Hoy, decir que una eventual renuncia de la Presidenta de la Nación en un marco de derrota electoral oficialista, sería “tirarle el gobierno” en la cara a Julio Cobos sería una afirmación desacertada ya que nos encontraríamos ante la mejor solución desde los recursos institucionales disponibles y más teniendo en cuenta que el discurso opositor no tiene matices en cuanto a su rechazo frontal y absoluto –y en muchos casos absolutamente irracional– a toda iniciativa proveniente del gobierno elegido en un claro veredicto popular en las elecciones presidenciales de octubre de 2007.

Independientemente de toda valoración en cuanto a su capacidad y en cuanto a los objetivos de un posible gobierno, un hipotético triunfo de esas posturas opositoras pondrá a Julio Cobos, en la responsabilidad de liderar una salida en el marco de este parlamentarismo de hecho.

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