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(168 Horas – Pablo Charras - miércoles 26 de marzo de 2008) La manifestación callejera de ayer en la ciudad de Buenos Aires que tuvo su punto de arranque en el barrio de la Recoleta, y que muchos analistas políticos y periodistas calificaron de espontánea, no es ni más ni menos que la canalización de una serie de comportamientos sociales que desde hace décadas se puede apreciar en el seno de la sociedad argentina en general y en los barrios del norte de la ciudad de Buenos Aires y en la zona norte del Gran Buenos Aires en particular. En ese sentido, también cabe señalar la unión de las entidades agrarias que agrupan desde grandes terratenientes hasta pequeños productores.
Lo que en los ámbitos urbanos podríamos calificar como una falta de conciencia del rol social que coloca a los trabajadores asalariados como tales y por consiguiente en una situación vulnerable ante los dueños de los medios de producción, en el caso del reclamo agrario, se vislumbra como una incongruencia de intereses entre los pequeños chacareros y los grandes exportadores de soja. ¿Por qué razón un trabajador tiene hábitos, comportamientos y opiniones que no le son propios? ¿Qué tiene en común un pequeño o mediano productor agropecuario que hasta hace pocos años estaba acosado por las hipotecas y la crisis del campo uniéndose a los reclamos de una clase que nunca ha dejado de ser la propietaria de grandes extensiones de latifundios y que en los últimos años están de lleno dedicadas a la producción y exportación de soja?
Revisemos algunos aspectos de la política económica que afectan al campo:
• La decisión política del gobierno de mantener un dólar alto. En Brasil los exportadores agropecuarios, sin retenciones pero con un dólar barato obtienen menor rentabilidad que en Argentina.
• Los subsidios al transporte y al combustible indirectamente constituyen un incremento en las ganancias del sector agrario.
• Los pequeños agricultores han superado al situación que los dejaba al borde del remate de sus tierras a ser beneficiados por líneas crediticias del Banco Nación a con tasas y plazos preferenciales.
• El aumento en el precio de la tierra trae como consecuencia altos y beneficiosos arrendamientos para los propietarios de las mismas.
De estos aspectos, se deduce claramente un cambio muy beneficioso para todo el sector. El aumento de las retenciones, en cambio, sí es una medida que apunta directamente a los exportadores que en muchos casos tienen intereses contrapuestos con los pequeños productores. De allí, que resulte incomprensible el grado de extremismo que se puede ver en esos pequeños productores, el cual, pone en evidencia cuan desbordados se encuentran los dirigentes rurales por las bases que representan.
Sin caer en teorías conspirativas y tratando de evitar todo análisis que califique a los sectores económicos concentrados de la economía como de golpistas, es evidente que de lo que aquí se trata es de la confrontación de esos sectores en procura de seguir conservando el poder económico y del que los pequeños y medianos productores estarán condenados a ser excluidos. De allí que resulte totalmente incongruente esa alianza crítica que hoy se manifiesta de manera fanática en contra del gobierno.
A todo eso se suma la falta de perspectiva del gobierno que no ha sido capaz de vislumbrar esas diferencias y de encaminarlas a favor del apoyo político de los pequeños y medianos productores a las medidas que vienen tomando. El que hasta los días previos al inicio de las medidas de fuerza era un inminente anuncio de la formación de ferias populares a cargo de organizaciones de piqueteros con los productores agrupados en la Federación Agraria Argentina, constituía una oportunidad de negocios y de crecimiento para esos pequeños y medianos productores, además de un frontal ataque a la inflación en los precios de la canasta básica de alimentos.
De esa manera, el gobierno pierde grandes oportunidades y hoy nos encontramos ante una complicada perspectiva en la que las posiciones extremas, no sólo que no parecen ceder, sino que tienden a profundizarse. Sólo cabe esperar que de algún lugar aparezca el grado de lucidez necesario que nos encamine no sólo en la solución de estos problemas concretos sino también en la cabal comprensión y superación de este fenómeno
social.
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